Perdida

Maldita Sea. Son las 11:20 y me acabo de despertar ahora. El horrible chillido de las cortinas de la señora Hollyster me ha devuelto a la vida, o a lo que sea este infierno. Me duele la cabeza, aún llevo puesta la camisa y los pantalones, y no tengo la menor idea de cómo llegué a casa.

Ya debería estar acostumbrado. Tampoco es que haya llevado nunca una vida sana. Siempre los mismos y anodinos recuerdos. Salgo por la puerta, voy a trabajar al despacho, oigo las mismas quejas una y otra vez y entro a saciar la sed al MacLaren’s. Y a partir de ahí, sólo oscuridad. Si me preguntaran por el color de la fachada debería fingir daltonismo.

Ayer habría sido un día cualquiera sino fuera por el nuevo cliente. Ser detective privado te hace etiquetar a las personas de manera inconsciente y supongo que por eso escribí el desesperado en el informe. Le venía a este tipo como un guante. Durante la conversación estuvo casi tan ausente como atormentado. Era el típico caso de desaparición, pero con elementos muy distintos.

Me dijo que trabajaba como escritor y que tenía alguna novela publicada, que había sido feliz hasta que la desgracia le sobrevino. La verdad es que daba pena verle. Con su aspecto, dudo que hubiera escrito algo digno de leer. Muy delgado, despeinado, con ropa de estar por casa y constantemente nervioso. Me comentaba entre lágrimas que no había podido dormir desde que la perdió. Ni siquiera había vuelto a escribir.

Habían pasado dos semanas desde entonces. Se ve que se acostó con ella y al día siguiente ya no estaba. Desconocía si ella fue la que decidió marcharse o si alguien se la había llevado. El caso es que hasta ahora nadie había pedido un rescate. Así pues, supuse que, con semejante compañero, cualquiera con dos dedos de frente habría huido o, peor aún, se habría tirado a las vías de tren.

equipo-novela-negra1Bueno, tengo que dejar de divagar, levantarme ya y desayunar. Habrá algo de comida en el frigorífico. Podría preguntar en la morgue, en los hospitales o comenzar con su círculo de amistades. Aunque seguro que todo será una perdida de tiempo y terminaré, como siempre, indagando en el decadente Lower End Boulevard.

Las primeras horas en un caso de desaparición son vitales, así que, tras dos semanas, el rastro debía de estar más frío que esta roñosa porción de pizza. Buscaré en los bolsillos. Sí, creo que me bebí el anticipo. Una vez más tendré que sonsacar información por la fuerza.

Sin embargo, finalmente no fue necesario sacar a pasear a los gemelos. La búsqueda acabó pronto. No tardé mucho en encontrarla, en averiguar la verdad. Justo en la primera parada, el depósito de cadáveres. Bill Sullivan, el sepulturero, trabajaba allí como administrativo y tenía una memoria fotográfica. Dijo que nunca olvidaría su imagen. Bella y frágil, pero poderosa, con todo el futuro por delante. Muerta.

Bill me llevó hasta la zona de archivos, me enseñó la fotografía de su expediente y pude constatar sus palabras. Pese a ser un cadáver, parecía rebosante de vida. Pero, ¿quién habría cometido semejante maldad?

Estaba muerta y, en la mayor parte de los casos, eso sólo podía significar una cosa: el culpable se encontraba en el círculo más cercano de la víctima. Y ésta no era una excepción. Joder, cómo no lo había visto antes. A partir de ese momento fue fácil deducir quién había sido el asesino. Tendría que haberlo sabido nada más verle. Fue el propio escritor.

Ahora todo tenía sentido. La había matado, poco a poco, con sus propias manos. La amaba tanto que la había asfixiado, sacrificado. Sentía que sin ella no podría seguir escribiendo, no podría dar un paso más. La había convertido en su única opción de futuro y eso acabó con ella. No fue planificado. Un homicidio involuntario más, del escritor a su amada. A su adorada Inspiración.

No tendré que hablar con él de nuevo. Seguro que el pobre escritor ya sabe que su Inspiración está muerta y comprende por qué no volverá a escribir nunca. Por contra, desconoce quién la mató y yo no se lo diré. La culpabilidad podría acabar con él. Ahora podrá dedicarse a otras labores, quizá menos creativas, pero probablemente más saludables. Pese a que, por desgracia, ahora deba superar lo más difícil, vivir cada día sabiendo lo que ha perdido.

La muerte de la Inspiración. Otro caso triste, pero resuelto del detective Arthur Robert Lake.

  2 comments for “Perdida

  1. Ruth Garrido
    febrero 25, 2015 at 19:31

    Me encanta, besos

    • Rober Lago
      febrero 26, 2015 at 09:58

      Me alegra poder desviarme de la temática habitual y que, aun así, siga gustando.
      Muchas gracias Ruth.