¿Por qué nos caemos?

Durante estos últimos días, me he visto obligado a recordar la famosa frase de Thomas Wayne —padre de un tal Bruce— por dos razones muy distintas, que probablemente sean la misma.

Heridas más graves he sufrido

¿Qué me pasa, doctor?

  • Razón 1: Desde hace muy poco, tengo la suerte de poder contar con la ayuda de Nona Spínola para promocionar el libro. En la primera reunión, decidimos que haría alguna foto para mi perfil de autor. El caso es que, tras un minuto de sesión, me desmayé. Así, como suena. Mi sombra estaría de vacaciones, porque caí al suelo cual árbol talado. Debí de perder, al mismo tiempo, el conocimiento y las ganas de seguir en pie. Pasados unos segundos, desperté del sueño, fui al hospital y ya estoy bien. Eso sí, a partir de entonces, a la menor sensación de mareo, y por más ridículo que pueda parecer, me lanzaré al suelo como un flan asustado.

Aterriza como puedas

  • Razón 2: Ya se ha cumplido más de una semana desde la publicación de la novela. Como no dispongo de grandes medios de promoción, traté de difundir los detalles del evento lo máximo posible. El resultado fue una sorprendente cifra de ventas los primeros días, que momentáneamente consiguió hacer visible la novela, seguida de una previsible aunque estrepitosa caída, a lo gowex style.

En resumidas cuentas, he podido comprobar que ahora dispongo de un nuevo superpoder: he aprendido a caer. Parece una tontería, pero creo que es necesario. Una futura caída ya no podrá inquietarme, ni a mí ni a mi sombra.

Porque —al menos en mi caso— al igual que el skater, el especialista de freestyle, el doble de escenas de acción de una película… yo tenía que aprender a caerme. Porque, en realidad, siempre he sabido levantarme. Porque está claro que me voy a caer más que el mimado de Bruce Wayne. Porque al aprender a caer bien, sé cómo no hacerme daño. Porque, desde el frío suelo, puedo ver que no pasa nada, que no tengo nada que temer, que incluso podría caer desde más alto. Y es entonces cuando me levanto para volver a intentarlo.

—¿Por qué nos caemos?
—No sé…, ¿para aprender a caernos?

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